El pianista que sucedió a Liszt en la línea de lo grandioso se llamó Anton Grigorievich Rubinstein, un oso ruso de enormes manos que con su cabellera frondosa y frente amplia al estilo Beethoven encandiló a su público, especialmente a las damas, en la segunda mitad del siglo XIX. A los diecieséis años había tocado para Liszt pero el maestro húngaro no lo tomó como alumno. Tal vez chocaron sus
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